jueves, 27 de junio de 2013

Quédate con un escritor

Quédate con un escritor… Porque sabe amar.

Quédate con un escritor porque sabe pensar, porque sabe lo que es relatar una historia.

Quédate con un escritor porque él nunca hará los días juntos aburridos y tediosos.

Quédate con un escritor porque sabe planear situaciones, porque hará de cada uno de los momentos juntos, únicos e incomparables.

Quédate con un escritor porque él hará de su historia una novela, un poema de amor sin fin…

Quédate con un escritor porque sabe apreciar incluso la sencillez de una taza de café, y puede hacer con ella una enorme historia…

Quédate con un escritor porque hará tu vida emocionante, porque nunca te dejará ir si te ama…

Quédate con un escritor porque sabe lo que significa “Te amo”, porque sabe que cuando un personaje dice eso, lo siente…

Quédate con un escritor porque sabe meterse en sus personajes, y por lo tanto va a conocerte bien, y sabrá como aliviarte…

Quédate con un escritor porque es creativo, y cada que hagan el amor será único y maravilloso.

Quédate con un escritor porque sabe como continuar una historia después de que acabó…

Quédate con un escritor porque es sensible y dice las cosas que piensa, y aunque eso lo haga cometer errores, lo reparará.

Quédate con un escritor porque te divertirá con chascarrillos creativos, pero no los repetirá más de lo adecuado, ya que sabe cuando en un párrafo, algo se vuelve aburrido.

Quédate con un escritor porque serás su inspiración para muchas novelas, relatos y poemas, porque más que un ramo de rosas, en sus aniversarios y festejos, él te regalará un texto… Un pedazo de su alma.

Y si un escritor te entrega su alma… Nunca lo dejes ir, porque sin su alma, no tiene inspiración… Y si hay algo que un escritor ame más que a nada en el universo, excepto quizá a ti, eso es escribir…

Quédate con un escritor, porque sabe amar… Simplemente por eso… Sabe amar… Y serás inmortal para él y para muchos otros… Porque antes de partir… Ese escritor dejará sobre la mesa un libro, con su historia… Juntos.

Héctor “skull” Nájera.

sábado, 22 de junio de 2013

De prosa a verso en el amor.

He aquí Un estúpido falso poema. Falso no por lo que dice, sino por ser un vano intento de poesía.

Radiante y cálido, un acercamiento
necesario es, al hacerse vicio, de ti
una vez probado, difícil es
no pedir, pedir es poco;
rogar por un poco más
una caricia más, una mirada más.

Aquella chica dura, aquella chica fria
que nació de la muerte
de la chica sensible y mimosa,
la chica frágil y débil
también ha muerto, para dar paso
al nacimiento de una chica
al mismo tiempo nueva y vieja;
a la chica dulce y desprotegida.

La bestia, en dulce miel se convirtió.
Los ojos abiertos, cerrados de nuevo están.
La ingenuidad ha vuelto, quizá la perdición.
El miedo desaparece para abrir paso
al confort y al sopor de la cofiánza,
sin saber si ésta es peligrosa o no.

Dejándose caer hacia atrás,
esperando ser recibida por un par de brazos
que impidan su caída hasta el fondo,
un fondo que la haría despertar,
abrir los ojos una vez más, aunque
ésta vez de una manera distinta,
más consciente y no arrepentida.

El enamoramiento no es un error,
no puede ser un error aquello que
ni siquiera está en nuestras manos.
El enamoramiento es un regalo
y un regalo no se menosprecia,
se acepta como viene, y se aprovecha.
No se puede escapar de algo inevitable.

No se puede escapar de aquello que
te convierte en lo que menos imaginas.
De aquello que hace de una roca,
una suave nube blanca que flota libre.
Que hace de un hombre frío y huraño
un joven radiante de vida, desbordante de alegría.
De un día lluvioso y arruinado,
el mas hermoso recuerdo de verano.
No se puede escapar de aquello.
Aquello que hace de alguien
que en prosa prefiere escribir,
un aficionado fingiendo escribir en verso.

jueves, 13 de junio de 2013

Nunca se me ocurren títulos.

Es verdad que tengo miedo, pero el miedo me ha impedido hacer tantas cosas que creo que es momento de dejarlo de lado, no eliminarlo porque no puedo por ahora, pero puedo ignorarlo y creer que por algunos momentos puedo ser feliz sin tener consecuencias negativas por ello. Muchas veces me he repetido esto, y he logrado avances con ellos pero la sensación prevalece y yo sigo reprimiendo ciertas cosas, y aun sigo repitiéndomela y pensando también que si mi temor en algún momento llegara a ser cierto mientras yo ya me habría dejado caer en el confuso estupor de seguridad y felicidad y fuera como caer desde un séptimo piso por haber caminado sobre las nubes que repentinamente se desvanecen en la atmósfera, no me quedara la idea de "te lo dije" sino haber disfrutado lo que sucedió y pensar en que de todos modos una parte de mi sabía que algo tan maravilloso no podía estar ocurriendo.
El otro día (en realidad fue hoy) caminando hacia la escuela en la misma cuadra, me puse a analizar; antes de aceptar el hecho de que me estaba enamorando, el simple hecho de yo misma caer en la cuenta de lo que estaba sucediendo ya suponía un error, mi propia rendición, una derrota. Luego lo acepté pero me lo negaba, sabía que había sucedido pero me lo negaba como queriendo sacarlo de mi, después me di por vencida, al fin y al cabo, como dice aquella canción, me enamoré y lo acepté por el simple placer, y de ésa manera las cosas no irían tan mal en mi interior porque desde ése momento he sabido a que me estoy exponiendo, y estoy corriendo los riesgos, sólo por placer y me dejé caer, sin importar si hay algo ahí abajo que hará que mi caída sea menos dolorosa o si podré volar. Pero, después de aceptar que me había enamorado, la noticia llegó a él, y todo igual, todo bien.
Entonces, en esos momentos mientras pasaba por el enrejado de la Universidad, me detengo retoricamente puesto que iba caminando deprisa por el retraso, y digo... ¿Pero, está bien que esté enamorada y está bien que el lo esté? ¿Que pasa ahora? y dejo la duda abierta con muchas preguntas que ni siquiera puedo formular ni para expresar ni para pensar.
Y me siento de nuevo en el momento justo en el que no sé nada, como una niña que apenas conoce el mundo, mirándolo todo como si fueran las cosas tan inocentes, todo con inocencia y a la vez me miro a mi desde otro plano, fuera de mí y entonces niego con la cabeza, como si viera a mi hija pequeña... extraño, ni siquiera sabría como describirlo. Suena el reproductor y cada canción me habla en algo sobre él, y voy por la calle y veo esos estúpidos anuncios en las paradas del camión, en los espectaculares e inclusive en algunos camiones de esos a los que suelen pegarles espectaculares a los costados, con aquellas preguntas (¿Que momento quisieras que durara por siempre? ¿Qué momento te hizo saltar de alegría? ¿Con quién viviste ése momento especial?) que me hacen recordar y sonreír y la gente me mira como si estuviera loca o enferma, como si ellos jamás en su vida hubieran sido felices y no reconocieran ese extraño gesto con los labios curvados. Y no me importan porque en esos momentos no soy consciente de ellos, hasta después que me veo desde fuera de nuevo y me veo a mi y los veo a ellos. O recuerdo una canción o algún momento, o alguna frase, algún chiste, y río, no sonrío simplemente, río, algunos chicos inclusive llegan a creer que tiene que ver con ellos, que es alguna clase de coquetería y se comportan raro.
Y no espero nada, y cuando me percato de que comienzo a esperar algo mato mi ilusión para ser sorprendida y no lastimada por mi misma, y creo ciegamente aunque en mi interior sepa cosas o suponga cosas o esté segura de cosas, prefiero creer ciegamente lo que me dicen, para poder ser sorprendida también, como si mi mejor amiga organizara una fiesta sorpresa, pero fuera demasiado obvia como para que no me diera cuenta, pero hiciera como que no sé nada y algo en mí dijera que de verdad no supiera nada, porque realmente si de verdad no hubiera tal fiesta no habría decepción, en cambio si sí hubiera fiesta sería una grata sorpresa. Quizá pueda parecer que es como si me hiciera la loca, como que siguiera la corriente, y en cierto modo lo es, con la diferencia de que intento convencerme que en realidad no está sucediendo nada de lo que comienzo a esperar... matando la ilusión para que nazca el asombro.
Prefiero no pensar mucho en todas aquellas cosas, puesto que me ponen en una interminable búsqueda del equilibrio de esas que tanto detesto pero no puedo evitar, prefiero vivir con mi hakina matata, disfrutando de todo aquello que llega sin que yo lo llame, sin que lo espere y me sorprenda.