Uno nunca termina de escribir.
...
(Esto dice más de lo que plasma.)
viernes, 30 de mayo de 2014
Prisión
La oscuridad se extiende a lo largo de aquella parte que no es tocada por los cálidos rayos del sol que le dan vida. El momento de los que disfrutan de las tinieblas, del frío y de las desconocidas cosas que se encuentran o no se encuentran en la noche, aquello que se oculta tras esa pantalla de negrura. Grises nubes se arrastran silenciosas en las alturas, el viento frío las acarrea como ovejas lentas y desganadas, que con un simple cambio se tornan en fieras suaves que relampaguean y lloran cántaros, pero por el momento simplemente deambulan perezosas por los cielos, tristes, como penosas almas que vagan por la tierra en busca de algo que les de paz.
Los seres en la tierra duermen en éste escenario, tranquilos, soñando, algunos tienen pesadillas, pero nadie siente que el cielo esta triste. Sólo los que amamos la noche y nos pasamos el tiempo pensando en pequeñeces como éstas nos percatamos de ello, vemos que está triste, que no sabe a dónde ir y nunca lo sabrá, que simplemente se deja guiar por el viento salvaje y voluble que no sabe nunca lo que quiere, como un niño encaprichado que en realidad no quiere nada pero todo reclama. Sólo nosotros que amamos la noche sentimos el frío con alegría y el cansancio lejos, esperando atacar al amanecer. Nosotros los melancólicos que encontramos nostalgia en el placer (o, y placer en la nostalgia también), deleitándonos con divagaciones y meditaciones, paseando por el campo de los recuerdos deliciosos, tanto que duelen, con aquello que nos hace feliz y que la belleza de aquello es tan sublime que hace doler el alma de una forma también sublime a su manera.
Nosotros los nocturnos nos reconfortamos con un momento de silencio en la oscuridad de la noche, rodeados por el frío nocturno de la época, sintiéndonos más vivos por la noche que por el día, como búhos cazadores, como gatos activos que prestan atención al mínimo sonido, al más imperceptible movimiento en cualquier lugar.
Los hijos de la noche, y no precisamente vampiros, sentimos la soledad y nos duele, pero no siempre. Nos duele por el día, cuando no se mete en nuestras reflexiones nocturnas (para las cuales necesitamos soledad), apreciamos la soledad que nos hace sentir la melancolía y la nostalgia, que nos hace sentir profundos del alma, que nos hace sentir que existimos en la negrura, cuando nadie existe porque en ése momento existe en donde todos los que duermen existen, ahí donde los sueños cobran vida en algún sitio que no podemos conocer. Y entonces, cualquier pequeña cosa sensible que nos llega a tocar, despierta ése ser nocturno que ama la noche y la reflexión; un viento en la piel, una nube de cierto color gris que enternece el alma, un aroma que despierta el recuerdo, o la misma noche entera, cualquier motivo, cualquier detonante sensible toca el alma y ésta despierta enérgica (a su modo) buscando una forma en la cual motivar la vida, se mueve inquieta dentro del ser y lo hace abrumarse de sensaciones y sentimientos queriendo hacer algo. Queriendo expresar lo que su prisionera quiere dar a conocer. Estimula al cuerpo con sensaciones placenteras que lo hacen hacer cualquier cosa que sienta necesaria, algo para saciar la necesidad, para calmar la tierna fiera que le devora por dentro, reclamando su encierro y su impotencia por expresar el orgasmo provocado por aquella cosa sensible que llegó a tocarla. El cuerpo busca qué hacer, intenta expresar, dibuja, compone, escribe, todo lo que puede, intenta sacar aquella espina que le hiere, intenta calmar el clamor interior, y realmente se pone manos a la obra, saca todo lo que puede de todo lo que sabe (e inclusive de lo que quizá no sabe) y siente que es algo sin fin, que su misión jamás termina, no mira el final, no sabe cómo expresar lo que aquello quiere expresar. Cómo calmar aquella inquietud interior desconocida y misteriosa, mientras ésta crece y crece, y se agita (suave) violentamente contra las paredes del interior, casi saliendo de su lugar, queriendo abandonar el cuerpo para asesinarlo indignada por la ineptitud, por la incapacidad de poder expresar algo que, para ella, es la cosa más sencilla, más clara. Pero no puede, y por siempre se quedará a merced del cuerpo que exterioriza todo lo que está a su alcance y a veces de la manera incorrecta, y el alma triste se resigna al ver que, el cuerpo termina el aquello que creó para hablar por ella, sintiéndose él a su vez impotente, sabiendo que no ha complacido a su musa, sabiendo que ella dentro se queda triste e insatisfecha.
Quizá, ésta nunca se sacia ni se le complace porque, además de que nunca hay lo suficiente para expresar lo que se siente, ella siempre está sintiendo mil cosas al mismo tiempo (como se puede ver en éste texto), haciendo más complicada la labor del ser, confundiéndole y haciéndolo sentirse impotente al darse cuenta de que deja otras cosas atrás, sin subir, sabiendo que aquello dejado ya no entra de ninguna forma, ni a fuerzas.
Uno comienza queriendo hablar de una cosa y termina diciendo (y haciendo) otra.
Uno nunca termina de pintar, de componer, de esculpir, de pensar, de hablar, de dibujar, de fotografiar. Uno nunca termina de escribir.
Los seres en la tierra duermen en éste escenario, tranquilos, soñando, algunos tienen pesadillas, pero nadie siente que el cielo esta triste. Sólo los que amamos la noche y nos pasamos el tiempo pensando en pequeñeces como éstas nos percatamos de ello, vemos que está triste, que no sabe a dónde ir y nunca lo sabrá, que simplemente se deja guiar por el viento salvaje y voluble que no sabe nunca lo que quiere, como un niño encaprichado que en realidad no quiere nada pero todo reclama. Sólo nosotros que amamos la noche sentimos el frío con alegría y el cansancio lejos, esperando atacar al amanecer. Nosotros los melancólicos que encontramos nostalgia en el placer (o, y placer en la nostalgia también), deleitándonos con divagaciones y meditaciones, paseando por el campo de los recuerdos deliciosos, tanto que duelen, con aquello que nos hace feliz y que la belleza de aquello es tan sublime que hace doler el alma de una forma también sublime a su manera.
Nosotros los nocturnos nos reconfortamos con un momento de silencio en la oscuridad de la noche, rodeados por el frío nocturno de la época, sintiéndonos más vivos por la noche que por el día, como búhos cazadores, como gatos activos que prestan atención al mínimo sonido, al más imperceptible movimiento en cualquier lugar.
Los hijos de la noche, y no precisamente vampiros, sentimos la soledad y nos duele, pero no siempre. Nos duele por el día, cuando no se mete en nuestras reflexiones nocturnas (para las cuales necesitamos soledad), apreciamos la soledad que nos hace sentir la melancolía y la nostalgia, que nos hace sentir profundos del alma, que nos hace sentir que existimos en la negrura, cuando nadie existe porque en ése momento existe en donde todos los que duermen existen, ahí donde los sueños cobran vida en algún sitio que no podemos conocer. Y entonces, cualquier pequeña cosa sensible que nos llega a tocar, despierta ése ser nocturno que ama la noche y la reflexión; un viento en la piel, una nube de cierto color gris que enternece el alma, un aroma que despierta el recuerdo, o la misma noche entera, cualquier motivo, cualquier detonante sensible toca el alma y ésta despierta enérgica (a su modo) buscando una forma en la cual motivar la vida, se mueve inquieta dentro del ser y lo hace abrumarse de sensaciones y sentimientos queriendo hacer algo. Queriendo expresar lo que su prisionera quiere dar a conocer. Estimula al cuerpo con sensaciones placenteras que lo hacen hacer cualquier cosa que sienta necesaria, algo para saciar la necesidad, para calmar la tierna fiera que le devora por dentro, reclamando su encierro y su impotencia por expresar el orgasmo provocado por aquella cosa sensible que llegó a tocarla. El cuerpo busca qué hacer, intenta expresar, dibuja, compone, escribe, todo lo que puede, intenta sacar aquella espina que le hiere, intenta calmar el clamor interior, y realmente se pone manos a la obra, saca todo lo que puede de todo lo que sabe (e inclusive de lo que quizá no sabe) y siente que es algo sin fin, que su misión jamás termina, no mira el final, no sabe cómo expresar lo que aquello quiere expresar. Cómo calmar aquella inquietud interior desconocida y misteriosa, mientras ésta crece y crece, y se agita (suave) violentamente contra las paredes del interior, casi saliendo de su lugar, queriendo abandonar el cuerpo para asesinarlo indignada por la ineptitud, por la incapacidad de poder expresar algo que, para ella, es la cosa más sencilla, más clara. Pero no puede, y por siempre se quedará a merced del cuerpo que exterioriza todo lo que está a su alcance y a veces de la manera incorrecta, y el alma triste se resigna al ver que, el cuerpo termina el aquello que creó para hablar por ella, sintiéndose él a su vez impotente, sabiendo que no ha complacido a su musa, sabiendo que ella dentro se queda triste e insatisfecha.
Quizá, ésta nunca se sacia ni se le complace porque, además de que nunca hay lo suficiente para expresar lo que se siente, ella siempre está sintiendo mil cosas al mismo tiempo (como se puede ver en éste texto), haciendo más complicada la labor del ser, confundiéndole y haciéndolo sentirse impotente al darse cuenta de que deja otras cosas atrás, sin subir, sabiendo que aquello dejado ya no entra de ninguna forma, ni a fuerzas.
Uno comienza queriendo hablar de una cosa y termina diciendo (y haciendo) otra.
Uno nunca termina de pintar, de componer, de esculpir, de pensar, de hablar, de dibujar, de fotografiar. Uno nunca termina de escribir.
domingo, 18 de mayo de 2014
Don't Panic.
Las almas tristes, las melancólicas tienden a la soledad, por más que les agrade encontrar otras almas similares con las cuales sentirse identificadas, son islas que no se tocan, sólo se miran a lo lejos. Por más que les gusten las almas felices para alegrarse con ellas, tarde o temprano vuelven a su propio retiro.
Cierro los ojos y veo oscuridad, no la que todos vemos, veo la clase de oscuridad que se siente dentro, aquella en la que te sumerges antes de dormir, aquella que te hace encontrarte contigo mismo, aquella que te hace reflexionar, la que te hace sentir la soledad. Cierro los ojos y la siento, la palpo, la sufro, siento paz pero al mismo tiempo siento desasosiego porque me siento cautiva, me siento atrapada en ella, siento un vacío en aquella habitación, atrapada entre la negrura. Entonces mientras ésto sucede me doy cuenta de algo... de algo que no anda bien, un vacío o algo que no está en su sitio, algo que no va bien, que no debe ser. Mi corazón sangra y siento la sangre escurrir en la negrura, y le pregunto a mi corazón sangriento ¿qué anda mal? mil veces se lo pregunto, pero el sangra solamente y yo estoy ciega y atrapada en la oscuridad, con el vacío en el pecho, aquel en el que me encuentro atrapada, con aquello que no anda como debe ir.
El mundo es aterrador, pero más aterrador es lo que hay en el interior de nuestro ser, aquello de lo que nadie más sabe, ni puede saber, aquello que nos asusta a nosotros mismos. El universo interior en el que podemos perdernos, nuestro, completo, pero inexplorado, como una isla recién descubierta que aloja bestias salvajes, enfermedades desconocidas y plantas venenosas... misterios perversos que asustan la inocencia del ser. Sin embargo, aquello que nos puede dar la seguridad, las respuestas y la verdad de todo aquello, lo que nos haría sentir protegidos esta ahí mismo, en el universo interior del que tanto tememos. Una vez explorado, y además aceptado, nada puede asustarnos.
Pero no es sencillo, el camino es largo, doloroso e inseguro, es nuevo, desconocido y desconcertante, por ello tanto miedo. Lo desconocido produce inseguridad, miedo.
El alma siempre está despierta, y es tan sensible que no necesita palabras para recordar, aun cuando las puede utilizar, un simple acorde, un simple aroma, inclusive imperceptible para el consciente mismo, detona toda clase de recuerdos, tanto de memoria como sensoriales, sentimentales, a veces prescindiendo de alguno, siendo todo sentimental o todo sensorial. A veces, casi siempre, ésta clase de detonaciones conducen a la reflexión y a la melancolía de nuevo, y de nuevo al claustro interior sofocante. Y de nuevo a éste blog.
Cierro los ojos y veo oscuridad, no la que todos vemos, veo la clase de oscuridad que se siente dentro, aquella en la que te sumerges antes de dormir, aquella que te hace encontrarte contigo mismo, aquella que te hace reflexionar, la que te hace sentir la soledad. Cierro los ojos y la siento, la palpo, la sufro, siento paz pero al mismo tiempo siento desasosiego porque me siento cautiva, me siento atrapada en ella, siento un vacío en aquella habitación, atrapada entre la negrura. Entonces mientras ésto sucede me doy cuenta de algo... de algo que no anda bien, un vacío o algo que no está en su sitio, algo que no va bien, que no debe ser. Mi corazón sangra y siento la sangre escurrir en la negrura, y le pregunto a mi corazón sangriento ¿qué anda mal? mil veces se lo pregunto, pero el sangra solamente y yo estoy ciega y atrapada en la oscuridad, con el vacío en el pecho, aquel en el que me encuentro atrapada, con aquello que no anda como debe ir.
El mundo es aterrador, pero más aterrador es lo que hay en el interior de nuestro ser, aquello de lo que nadie más sabe, ni puede saber, aquello que nos asusta a nosotros mismos. El universo interior en el que podemos perdernos, nuestro, completo, pero inexplorado, como una isla recién descubierta que aloja bestias salvajes, enfermedades desconocidas y plantas venenosas... misterios perversos que asustan la inocencia del ser. Sin embargo, aquello que nos puede dar la seguridad, las respuestas y la verdad de todo aquello, lo que nos haría sentir protegidos esta ahí mismo, en el universo interior del que tanto tememos. Una vez explorado, y además aceptado, nada puede asustarnos.
Pero no es sencillo, el camino es largo, doloroso e inseguro, es nuevo, desconocido y desconcertante, por ello tanto miedo. Lo desconocido produce inseguridad, miedo.
El alma siempre está despierta, y es tan sensible que no necesita palabras para recordar, aun cuando las puede utilizar, un simple acorde, un simple aroma, inclusive imperceptible para el consciente mismo, detona toda clase de recuerdos, tanto de memoria como sensoriales, sentimentales, a veces prescindiendo de alguno, siendo todo sentimental o todo sensorial. A veces, casi siempre, ésta clase de detonaciones conducen a la reflexión y a la melancolía de nuevo, y de nuevo al claustro interior sofocante. Y de nuevo a éste blog.
domingo, 4 de mayo de 2014
Fila
Supongo que es como un momento de explosión por tanto tiempo sin escribir, sin expresarme, reprimiendo todo lo que quiero decir, todo lo que quiero escribir y que de alguna forma algo me lo impide, y hoy quise hacerlo por fin y de pronto como cuando una tienda regala algo y todos se amontonan para recibir lo suyo, mis emociones igual se amontonan y vienen una tras de otra reclamando su espacio y su importancia, causándome conmociones.
Como hoy estaba tranquila y quería recordar cosas del pasado seleccioné una lista de reproducción especial que me acercaba a ésos momentos, luego de eso quise escribir en facebook "debería hacer tarea pero en su lugar estoy ahogándome en recuerdos" de pronto me apareció en inicio una publicación que hizo que mis emociones cambiaran de rumbo pero con la misma intensidad que ya tenían las primeras; una chica mostrándole una imagen, al principio miré la imagen sin saber de dónde provenía y para quién era, sólo la imagen, y me hizo pensar en él y pensar en mostrásela, pero luego vi los nombres y me malhumoré, y todos mis pensamientos y sensaciones se transformaron en cosas calurosas y molestas pensando en cosas de odio y esa clase de situaciones, para intentar dejar éso de lado, pero sin dejar de pensar en ello, con la música que elegí haciendo de todo más profundo y sensible, bajé por el inicio de facebook buscando algo con qué distraerme, y de pronto vi una foto de una chica conocida que toca el piano y de nuevo mis emociones se transformaron ahora en desprecio por mí, en vencimiento, malestar, se transformaron en decepción por sentir que jamás seré capaz de tocar el piano, justo cuando unas horas antes pensaba en la manera de poder por fin entrar a clases de piano, pero como siempre, dejándolo todo en sueños vanos, y entonces fue cuando exploté y mis emociones guardadas comenzaron a reclamar el por qué ellas no podían salir como las que ya estaba dejando salir, sintiéndome miserable cada vez y cada vez como en una espiral.
No sé que será de mi futuro, si mi profesión de verdad me dará para vivir o seré feliz con ello; odio a sus amigas, por razones inexistentes y estúpidamente, haciendo cosas que yo normalmente no haría, pensando y "razonando" de manera anormal a lo que haría; tampoco sé si alguna vez de verdad tocaré el piano o simplemente moriré vieja (o joven, nunca se sabe) y frustrada por nunca haber cumplido ése punto en mi lista de cosas por hacer antes de morir o lo que sea.
Y me siento estúpida por no escribir cuando siento la necesidad, y no sé que es ése algo que me impide hacerlo cuando pienso en hacerlo, cuando lo siento, algo simplemente me dice que no tiene sentido que lo haga, como si algo en mí quisiera extinguirse o se estuviera apagando, como si yo, de alguna manera estuviera asesinando una parte fundamental dentro de mí.
Como hoy estaba tranquila y quería recordar cosas del pasado seleccioné una lista de reproducción especial que me acercaba a ésos momentos, luego de eso quise escribir en facebook "debería hacer tarea pero en su lugar estoy ahogándome en recuerdos" de pronto me apareció en inicio una publicación que hizo que mis emociones cambiaran de rumbo pero con la misma intensidad que ya tenían las primeras; una chica mostrándole una imagen, al principio miré la imagen sin saber de dónde provenía y para quién era, sólo la imagen, y me hizo pensar en él y pensar en mostrásela, pero luego vi los nombres y me malhumoré, y todos mis pensamientos y sensaciones se transformaron en cosas calurosas y molestas pensando en cosas de odio y esa clase de situaciones, para intentar dejar éso de lado, pero sin dejar de pensar en ello, con la música que elegí haciendo de todo más profundo y sensible, bajé por el inicio de facebook buscando algo con qué distraerme, y de pronto vi una foto de una chica conocida que toca el piano y de nuevo mis emociones se transformaron ahora en desprecio por mí, en vencimiento, malestar, se transformaron en decepción por sentir que jamás seré capaz de tocar el piano, justo cuando unas horas antes pensaba en la manera de poder por fin entrar a clases de piano, pero como siempre, dejándolo todo en sueños vanos, y entonces fue cuando exploté y mis emociones guardadas comenzaron a reclamar el por qué ellas no podían salir como las que ya estaba dejando salir, sintiéndome miserable cada vez y cada vez como en una espiral.
No sé que será de mi futuro, si mi profesión de verdad me dará para vivir o seré feliz con ello; odio a sus amigas, por razones inexistentes y estúpidamente, haciendo cosas que yo normalmente no haría, pensando y "razonando" de manera anormal a lo que haría; tampoco sé si alguna vez de verdad tocaré el piano o simplemente moriré vieja (o joven, nunca se sabe) y frustrada por nunca haber cumplido ése punto en mi lista de cosas por hacer antes de morir o lo que sea.
Y me siento estúpida por no escribir cuando siento la necesidad, y no sé que es ése algo que me impide hacerlo cuando pienso en hacerlo, cuando lo siento, algo simplemente me dice que no tiene sentido que lo haga, como si algo en mí quisiera extinguirse o se estuviera apagando, como si yo, de alguna manera estuviera asesinando una parte fundamental dentro de mí.
sábado, 3 de mayo de 2014
Pluvia odore
EL crepúsculo con su cielo nublado, fuertes ráfagas de aire que amenazan con hacer llover a las nubes como aquellas tardes del año pasado. El aroma y la vista del fin del día, sin aun caer la noche, me hacen volver al pasado de hace poco, de tan sólo un año, que me trae con ello sensaciones de entonces. Cada vez la luz es menos pero el cielo oscuro no se mira a través de las espesas nubes grises que lo llenan. Mis pulmones se llenan una y otra vez con el aire que sopla, que mueve las cortinas de mi ventana y mi cabello despeinado y cada par de inspiraciones el aroma de la tierra me causa placer, sería cada inspiración cada vez, pero el olfato es el sentido más sensible y se cansa con mucha rapidez, por lo que sólo puedo disfrutar de mi aroma preferido una inspiración sí, una no.
Ahora hay menos luz que hace unos minutos, cada vez, se apaga más y más, pero nunca se dejan de apreciar las colosales nubes que más que nubes es como un segundo cielo suave y sin estrellas. Ésta noche no se verá el cuarto de luna que asomaba ayer por la noche.
La frescura es idéntica a la de hace un año, llevo ropa ligera de dormir pero no tengo frío ya que, a diferencia de hace un año, hoy estoy dentro, y no fuera de mi casa. En aquella ocasión tuve que ir por algo para cubrirme, por más que disfrutara del viento fresco, mi piel terminó erizándose y reclamándome algo de calor, sin embargo, hoy el frío no hace gritar a mis poros y me quedo aquí sentada, en la ventana, disfrutando de las cosas que dije antes. Disfrutando del viento y el aroma que trae con él. Y extrañándole a Él.
Hace un año también las cosas eran distintas a lo que pensaba en ésos momentos; sí, también creía que el cielo reprimía la lluvia como si no quisiera que pasara pero no pudiera hacer nada para evitarlo, retrasando solamente lo que ya era inevitable, sin embargo, aquella vez hace un año, cuando lo dije, aunque era cierto, tenía un doble sentido metaforizando mi experiencia con el cielo para retratar lo que en mi corazón y en mi vida pasaba. La ambigüedad regía mi vida en ésa época, y algo que yo no quería que ocurriera era inevitable a ésas alturas. Por el contrario, hoy en día, después de haberme dejado llevar por aquello que no quería que pasara, lo único que pasa por mi mente hoy es que le extraño, a ése ser al que no quería querer como lo estaba queriendo, y hoy sólo espero que suene el teléfono para escuchar su voz y decirle que me siento bien, que siento el ayer y que lo extraño.
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