sábado, 8 de noviembre de 2014

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Me pregunto si mi personalidad siempre será melancólica o llegará un momento en mi vida en el que deje toda la tristeza atrás, como cuando era niña.
La cantidad de cosas que me ponen triste aumenta día a día ridículamente. Ridículamente porque son ridículas las cosas que me llegan a poner tristes, como dejar de usar un reproductor por otro. 
Me pone triste darme cuenta que no escribo cosas buenas, cuando leo a Virgilio y me doy cuenta lo poético que puede ser y todo el jugo que le puede sacar a una cosa tan simple como la agricultura, mientras yo escribiría cosas demasiado pop, demasiado pensadas.
Luego, hay tristezas que ya no caben en mi, y veces en las que escribir no hace la diferencia, no porque ya no sea suficiente, sino porque lo que siento no puedo expresarlo, no hay nada que decir, no sé que decir, como expresarme, como sacar el dolor. Hoy vine aquí y me quedé media canción pensando en lo que realmente siento y como podría expresarlo, y me quedé en blanco, antes de venir aquí incluso pensé varias veces si escribir o no pues no sabía (ni se) que escribir, que decir. Las cosas están aquí, y no puedo sacarlas, me siento mayugada. Hay veces que siento que las palabras no tienen sentido ya, que no me funcionan, y desesperada, atrapada en mi busco la expresión de mi cuerpo, inútil, igual de limitada que las palabras...
Bailar, música, escribir, pintar o dibujar, nada me funciona, soy un mar de sentimientos estancados pero fluyentes al mismo tiempo, atrapados.
De pronto siento que ya no puedo ser un canal emisor, que solo soy pasiva y receptiva, que me toca sanar escuchando música o viendo otras expresiones en lugar de expresar pero eso no ayuda, solo agita todo en el interior y me pone mal.
Llorar resulta igual de inútil, no libera, nunca lo ha hecho, sin embargo no puedo evitar la sensación de dolor en la garganta, pero sin llorar, como si ya hasta mi cuerpo estuviera en alguna clase de resignación temporal que ya he experimentado antes en mi vida, donde el dolor solo se vuelve parte de mi y no lo dejo ser, solo se queda como un dolor de estomago molesto, mas no insoportable.
No quiero morir, ni quiero que nadie muera, la muerte es ambigua. Es una navaja de doble filo, Por un lado libera a los vivos que dejan de estarlo, pero por otro llena de dolor a los que se quedan, Es una salida instantánea al pesar, al dolor, a la felicidad, al todo, a la vida, 
Cuando no quiero que algo me duela lo pongo en el olvido o en la ignorancia, como el recuerdo de los últimos dos seres muertos que he visto, así, gráficamente como los vi y no los describo para no revivir los recuerdos, los dejo en el sitio de "shh no importa, mira hacia otro lado" y deja de doler, y si el recuerdo, las imágenes quieren volver, solo me volteo rápido hacia algo presente, me distraigo.
La memoria es la vida, sin los recuerdos no seriamos nada. 
Ya tenía tiempo sin sentirme así de mal, creí que había pasado la mala racha, y quizá lo hizo, y esta es otra nueva. Hoy vivo con la esperanza de que vuelva a irse, pero con la desesperanza de que si se va, otra llegará tiempo después.
No quiero que mis padres mueran. Estoy aterrada de que ese momento llegue, lloro y sufro y ni siquiera ha llegado ese momento, y sé que eso está mal, que estoy viviendo un dolor que no tiene razón de ser, como reconstruir algo que aun no se ha caído, o recoger el desastre de algo que aun no es un desastre, algo sin sentido, solo que no se simplemente como parar esto. 
Y la vida es tan irónica que sufro hasta por las cosas buenas que me han pasado, puesto que recuerdo mis buenos momentos de la vida con nostalgia y me entristezco. O quizá simplemente estoy mal de la cabeza. Últimamente me cuestiono mucho cual es el límite en los estándares actuales para saber cuando una persona está loca. Me preocupo por mi salud. Toda. Mi estomago no ha estado perfecto los últimos meses. 
Dios, soy una sufrida...
Ahora la tristeza se ha transformado en ira.

domingo, 26 de octubre de 2014

Luto nocturno.

Recuerdo las palabras de esa desconocida: "te presento a tu nuevo gato" sin saber que se convertirían en realidad.
Peor momento no pudo ser, aunque sabía que este día llegaría no me lo imaginaba tan pronto, tan inesperado y tan doloroso... extrañaré su dulce compañía inclusive en este momento, con sus cariñosos gestos atentos, su ronroneo en mi cuello, sobre mi cabeza sus patitas o su dormido ser, lo juguetón que es o como saca las croquetas del plato para poder comerlas, verlo dormido en el lavamanos o que me siga por la casa para estar conmigo. Como juega con Pay, su cabecita ligeramente inclinada, como concentrado en alguna cosa, curioso o conmovido... Sus patitas sucias o su limpieza en todo momento. Extrañaré su ronroneo bajo mis cobijas, bajo mis piernas, la ternura de su presencia, sus ojitos azules...
No quiero que se vaya... me siento impotente y atrapada, como si me lo arrebataran... y no puedo hacer nada... Fui una tonta por encariñarme y ahora no puedo evitar este dolor...
Sin duda la noche debe guardar luto por mí, por él, por nosotros y por el dolor que queda, por la soledad que reemplaza la alegría del ayer y entristece mi hoy, mi mañana y mi cercano futuro.
Solo me queda esperar que tenga una bonita vida, que no le toque una mala familia, que ningún niño quiera jugar con él maltratándolo... que no lo descuiden, que no salga y lo atropellen, que no le de sida y que no embarace a ninguna gata...
Que por favor lo quieran por lo menos la mitad de lo que yo lo quiero, o si se puede el doble que yo,  y que se preocupen por él... no quiero que quede desamparado, perdido o abandonado... temo por él, por su futuro que ya no está más en mis manos...
Daría mis lágrimas derramadas esta noche por asegurar su futuro, daría la mitad de mi vida por que él tuviera sus 10 años de vida felices y prosperos, sin daños, sin dolor... pero no puedo hacer nada, porque estoy atrapada

martes, 15 de julio de 2014

Pasado

Acabo de percatarme de que la magia está en el pasado.
Miraba mi techo deseando ir a la playa, pensando en la última vez que fui, recordé la sensación y me di cuenta de que quería revivir esa sensación, luego pensé "pero no será lo mismo, no se siente igual" pero eso mismo pensé cuando fui la última vez, recordaba la primera vez que fui a la playa con mi hermana, y sentía esa sensación y deseé ir a la playa y fui (la última vez) y pensé, pero no se siente eso...
Esta noche siento eso, por eso es que puedo ver que la magia está en recordar la felicidad, de sentirla cuando ya no la buscas.

viernes, 4 de julio de 2014

Sin título

Extraño la tristeza melancólica reemplazada por la agonía del sufrimiento. Hoy quiero permitirme la primera evitando caer en la segunda, basta un momento de extrañarle para arrepentirme de no verle. Un par de canciones manejando mis emociones haciéndome caer en la dulzura del dolor meloso de los recuerdos, dejándome arrastrar por la tristeza y casi cayendo en la depresión acechadora que sólo espera el momento en que pueda filtrarse por algún débil escudo demasiado descuidado o demasiado débil. Intenta entrar y profanar mi tristeza dulce, pero en cambio yo intento mantenerla al margen, desechándola tan pronto como la noto y enfocándome en los recuerdos y los finos tonos que me hacen entrar en trance.
La más dulces de las voces que puede entonar Matt y una de las más silenciosas melodías de Guy y Thomas me llevan a las aguas profundas que se tornan frías y calientes sucesiva e inesperadamente, como cuando estás dentro del mar y te quedas quieto y sientes como las corrientes cambian de temperatura.
De pronto no hay nadie a quién decirle que me encuentro triste. Hace falta pero aunque quiero, aquellas personas me parecen ajenas, me encierro en alguna clase de egoísmo (de alguna forma) que me hace pensar: ¿por qué ellos querrán escuchar/leer mis problemas? Siempre están para eso, ¿no se hartan de mi vida tan maltrecha? Y con esas excusas es que poco a poco me he alejado, dejé de hacer pública mi vida, mis sentimientos, encontrándome frecuentemente a mí misma escribiendo algo que finalmente terminaré borrando porque ¿a quién le interesa en realidad? a nadie.
No me canso de sentir, decir y escribir que extraño el pasado, sin embargo al mundo no le interesa, supongo, ya que sigo en mi presente afectado con la tristeza por el pasado, y con la agonía por el futuro. Vivo un presente que no vivo porque no es presente, porque no miro el presente, pero sólo eso diré porque no quiero caer en la agonía, estoy en la melancolía.
Quiero enamorarme como adolescente y no como amante, quiero el nerviosismo aunque quiera el confort de la confianza, quiero la sorpresa, pero ahora simplemente pienso en aquello de lo que no quiero escribir, es como si todas mis oportunidades y necesidades se vieran sobrepasadas por esto que no puedo superar, como un virus o alguna infección que no puedo combatir. Realmente escribir ha dejado de tener efecto para liberarme del dolor, no hay algo que haga que deje de doler. Y de nuevo estoy hablando de ello... ha ganado, no puedo apartarlo suficiente tiempo, es como el humo de cigarro que se filtra por mis dos puertas cerradas.

viernes, 30 de mayo de 2014

Escribir

Uno nunca termina de escribir.
...
(Esto dice más de lo que plasma.)

Prisión

La oscuridad se extiende a lo largo de aquella parte que no es tocada por los cálidos rayos del sol que le dan vida. El momento de los que disfrutan de las tinieblas, del frío y de las desconocidas cosas que se encuentran o no se encuentran en la noche, aquello que se oculta tras esa pantalla de negrura. Grises nubes se arrastran silenciosas en las alturas, el viento frío las acarrea como ovejas lentas y desganadas, que con un simple cambio se tornan en fieras suaves que relampaguean y lloran cántaros, pero por el momento simplemente deambulan perezosas por los cielos, tristes, como penosas almas que vagan por la tierra en busca de algo que les de paz.
Los seres en la tierra duermen en éste escenario, tranquilos, soñando, algunos tienen pesadillas, pero nadie siente que el cielo esta triste. Sólo los que amamos la noche y nos pasamos el tiempo pensando en pequeñeces como éstas nos percatamos de ello, vemos que está triste, que no sabe a dónde ir y nunca lo sabrá, que simplemente se deja guiar por el viento salvaje y voluble que no sabe nunca lo que quiere, como un niño encaprichado que en realidad no quiere nada pero todo reclama. Sólo nosotros que amamos la noche sentimos el frío con alegría y el cansancio lejos, esperando atacar al amanecer. Nosotros los melancólicos que encontramos nostalgia en el placer (o, y placer en la nostalgia también), deleitándonos con divagaciones y meditaciones, paseando por el campo de los recuerdos deliciosos, tanto que duelen, con aquello que nos hace feliz y que la belleza de aquello es tan sublime que hace doler el alma de una forma también sublime a su manera.
Nosotros los nocturnos nos reconfortamos con un momento de silencio en la oscuridad de la noche, rodeados por el frío nocturno de la época, sintiéndonos más vivos por la noche que por el día, como búhos cazadores, como gatos activos que prestan atención al mínimo sonido, al más imperceptible movimiento en cualquier lugar.
Los hijos de la noche, y no precisamente vampiros, sentimos la soledad y nos duele, pero no siempre. Nos duele por el día, cuando no se mete en nuestras reflexiones nocturnas (para las cuales necesitamos soledad), apreciamos la soledad que nos hace sentir la melancolía y la nostalgia, que nos hace sentir profundos del alma, que nos hace sentir que existimos en la negrura, cuando nadie existe porque en ése momento existe en donde todos los que duermen existen, ahí donde los sueños cobran vida en algún sitio que no podemos conocer. Y entonces, cualquier pequeña cosa sensible que nos llega a tocar, despierta ése ser nocturno que ama la noche y la reflexión; un viento en la piel, una nube de cierto color gris que enternece el alma, un aroma que despierta el recuerdo, o la misma noche entera, cualquier motivo, cualquier detonante sensible toca el alma y ésta despierta enérgica (a su modo) buscando una forma en la cual motivar la vida, se mueve inquieta dentro del ser y lo hace abrumarse de sensaciones y sentimientos queriendo hacer algo. Queriendo expresar lo que su prisionera quiere dar a conocer. Estimula al cuerpo con sensaciones placenteras que lo hacen hacer cualquier cosa que sienta necesaria, algo para saciar la necesidad, para calmar la tierna fiera que le devora por dentro, reclamando su encierro y su impotencia por expresar el orgasmo provocado por aquella cosa sensible que llegó a tocarla. El cuerpo busca qué hacer, intenta expresar, dibuja, compone, escribe, todo lo que puede, intenta sacar aquella espina que le hiere, intenta calmar el clamor interior, y realmente se pone manos a la obra, saca todo lo que puede de todo lo que sabe (e inclusive de lo que quizá no sabe) y siente que es algo sin fin, que su misión jamás termina, no mira el final, no sabe cómo expresar lo que aquello quiere expresar. Cómo calmar aquella inquietud interior desconocida y misteriosa, mientras ésta crece y crece, y se agita (suave) violentamente contra las paredes del interior, casi saliendo de su lugar, queriendo abandonar el cuerpo para asesinarlo indignada por la ineptitud, por la incapacidad de poder expresar algo que, para ella, es la cosa más sencilla, más clara. Pero no puede, y por siempre se quedará a merced del cuerpo que exterioriza todo lo que está a su alcance y a veces de la manera incorrecta, y el alma triste se resigna al ver que, el cuerpo termina el aquello que creó para hablar por ella, sintiéndose él a su vez impotente, sabiendo que no ha complacido a su musa, sabiendo que ella dentro se queda triste e insatisfecha.
Quizá, ésta nunca se sacia ni se le complace porque, además de que nunca hay lo suficiente para expresar lo que se siente, ella siempre está sintiendo mil cosas al mismo tiempo (como se puede ver en éste texto), haciendo más complicada la labor del ser, confundiéndole y haciéndolo sentirse impotente al darse cuenta de que deja otras cosas atrás, sin subir, sabiendo que aquello dejado ya no entra de ninguna forma, ni a fuerzas.
Uno comienza queriendo hablar de una cosa y termina diciendo (y haciendo) otra.
Uno nunca termina de pintar, de componer, de esculpir, de pensar, de hablar, de dibujar, de fotografiar. Uno nunca termina de escribir.

domingo, 18 de mayo de 2014

Don't Panic.

Las almas tristes, las melancólicas tienden a la soledad, por más que les agrade encontrar otras almas similares con las cuales sentirse identificadas, son islas que no se tocan, sólo se miran a lo lejos. Por más que les gusten las almas felices para alegrarse con ellas, tarde o temprano vuelven a su propio retiro.
Cierro los ojos y veo oscuridad, no la que todos vemos, veo la clase de oscuridad que se siente dentro, aquella en la que te sumerges antes de dormir, aquella que te hace encontrarte contigo mismo, aquella que te hace reflexionar, la que te hace sentir la soledad. Cierro los ojos y la siento, la palpo, la sufro, siento paz pero al mismo tiempo siento desasosiego porque me siento cautiva, me siento atrapada en ella, siento un vacío en aquella habitación, atrapada entre la negrura. Entonces mientras ésto sucede me doy cuenta de algo... de algo que no anda bien, un vacío o algo que no está en su sitio, algo que no va bien, que no debe ser. Mi corazón sangra y siento la sangre escurrir en la negrura, y le pregunto a mi corazón sangriento ¿qué anda mal? mil veces se lo pregunto, pero el sangra solamente y yo estoy ciega y atrapada en la oscuridad, con el vacío en el pecho, aquel en el que me encuentro atrapada, con aquello que no anda como debe ir.
El mundo es aterrador, pero más aterrador es lo que hay en el interior de nuestro ser, aquello de lo que nadie más sabe, ni puede saber, aquello que nos asusta a nosotros mismos. El universo interior en el que podemos perdernos, nuestro, completo, pero inexplorado, como una isla recién descubierta que aloja bestias salvajes, enfermedades desconocidas y plantas venenosas... misterios perversos que asustan la inocencia del ser. Sin embargo, aquello que nos puede dar la seguridad, las respuestas y la verdad de todo aquello, lo que nos haría sentir protegidos esta ahí mismo, en el universo interior del que tanto tememos. Una vez explorado, y además aceptado, nada puede asustarnos.
Pero no es sencillo, el camino es largo, doloroso e inseguro, es nuevo, desconocido y desconcertante, por ello tanto miedo. Lo desconocido produce inseguridad, miedo.
El alma siempre está despierta, y es tan sensible que no necesita palabras para recordar, aun cuando las puede utilizar, un simple acorde, un simple aroma, inclusive imperceptible para el consciente mismo, detona toda clase de recuerdos, tanto de memoria como sensoriales, sentimentales, a veces prescindiendo de alguno, siendo todo sentimental o todo sensorial. A veces, casi siempre, ésta clase de detonaciones conducen a la reflexión y a la melancolía de nuevo, y de nuevo al claustro interior sofocante. Y de nuevo a éste blog.

domingo, 4 de mayo de 2014

Fila

Supongo que es como un momento de explosión por tanto tiempo sin escribir, sin expresarme, reprimiendo todo lo que quiero decir, todo lo que quiero escribir y que de alguna forma algo me lo impide, y hoy quise hacerlo por fin y de pronto como cuando una tienda regala algo y todos se amontonan para recibir lo suyo, mis emociones igual se amontonan y vienen una tras de otra reclamando su espacio y su importancia, causándome conmociones.
Como hoy estaba tranquila y quería recordar cosas del pasado seleccioné una lista de reproducción especial que me acercaba a ésos momentos, luego de eso quise escribir en facebook "debería hacer tarea pero en su lugar estoy ahogándome en recuerdos" de pronto me apareció en inicio una publicación que hizo que mis emociones cambiaran de rumbo pero con la misma intensidad que ya tenían las primeras; una chica mostrándole una imagen, al principio miré la imagen sin saber de dónde provenía y para quién era, sólo la imagen, y me hizo pensar en él y pensar en mostrásela, pero luego vi los nombres y me malhumoré, y todos mis pensamientos y sensaciones se transformaron en cosas calurosas y molestas pensando en cosas de odio y esa clase de situaciones, para intentar dejar éso de lado, pero sin dejar de pensar en ello, con la música que elegí haciendo de todo más profundo y sensible, bajé por el inicio de facebook buscando algo con qué distraerme, y de pronto vi una foto de una chica conocida que toca el piano y de nuevo mis emociones se transformaron ahora en desprecio por mí, en vencimiento, malestar, se transformaron en decepción por sentir que jamás seré capaz de tocar el piano, justo cuando unas horas antes pensaba en la manera de poder por fin entrar a clases de piano, pero como siempre, dejándolo todo en sueños vanos, y entonces fue cuando exploté y mis emociones guardadas comenzaron a reclamar el por qué ellas no podían salir como las que ya estaba dejando salir, sintiéndome miserable cada vez y cada vez como en una espiral.
No sé que será de mi futuro, si mi profesión de verdad me dará para vivir o seré feliz con ello; odio a sus amigas, por razones inexistentes y estúpidamente, haciendo cosas que yo normalmente no haría, pensando y "razonando" de manera anormal a lo que haría; tampoco sé si alguna vez de verdad tocaré el piano o simplemente moriré vieja (o joven, nunca se sabe) y frustrada por nunca haber cumplido ése punto en mi lista de cosas por hacer antes de morir o lo que sea.
Y me siento estúpida por no escribir cuando siento la necesidad, y no sé que es ése algo que me impide hacerlo cuando pienso en hacerlo, cuando lo siento, algo simplemente me dice que no tiene sentido que lo haga, como si algo en mí quisiera extinguirse o se estuviera apagando, como si yo, de alguna manera estuviera asesinando una parte fundamental dentro de mí.

sábado, 3 de mayo de 2014

Pluvia odore

EL crepúsculo con su cielo nublado, fuertes ráfagas de aire que amenazan con hacer llover a las nubes como aquellas tardes del año pasado. El aroma y la vista del fin del día, sin aun caer la noche, me hacen volver al pasado de hace poco, de tan sólo un año, que me trae con ello sensaciones de entonces. Cada vez la luz es menos pero el cielo oscuro no se mira a través de las espesas nubes grises que lo llenan. Mis pulmones se llenan una y otra vez con el aire que sopla, que mueve las cortinas de mi ventana y mi cabello despeinado y cada par de inspiraciones el aroma de la tierra me causa placer, sería cada inspiración cada vez, pero el olfato es el sentido más sensible y se cansa con mucha rapidez, por lo que sólo puedo disfrutar de mi aroma preferido una inspiración sí, una no.
Ahora hay menos luz que hace unos minutos, cada vez, se apaga más y más, pero nunca se dejan de apreciar las colosales nubes que más que nubes es como un segundo cielo suave y sin estrellas. Ésta noche no se verá el cuarto de luna que asomaba ayer por la noche.
La frescura es idéntica a la de hace un año, llevo ropa ligera de dormir pero no tengo frío ya que, a diferencia de hace un año, hoy estoy dentro, y no fuera de mi casa. En aquella ocasión tuve que ir por algo para cubrirme, por más que disfrutara del viento fresco, mi piel terminó erizándose y reclamándome algo de calor, sin embargo, hoy el frío no hace gritar a mis poros y me quedo aquí sentada, en la ventana, disfrutando de las cosas que dije antes. Disfrutando del viento y el aroma que trae con él. Y extrañándole a Él.
Hace un año también las cosas eran distintas a lo que pensaba en ésos momentos; sí, también creía que el cielo reprimía la lluvia como si no quisiera que pasara pero no pudiera hacer nada para evitarlo, retrasando solamente lo que ya era inevitable, sin embargo, aquella vez hace un año, cuando lo dije, aunque era cierto, tenía un doble sentido metaforizando mi experiencia con el cielo para retratar lo que en mi corazón y en mi vida pasaba. La ambigüedad regía mi vida en ésa época, y algo que yo no quería que ocurriera era inevitable a ésas alturas. Por el contrario, hoy en día, después de haberme dejado llevar por aquello que no quería que pasara, lo único que pasa por mi mente hoy es que le extraño, a ése ser al que no quería querer como lo estaba queriendo, y hoy sólo espero que suene el teléfono para escuchar su voz y decirle que me siento bien, que siento el ayer y que lo extraño.

martes, 25 de marzo de 2014

Al amor le gustan los lácteos.

Uno escribe cuando siente la necesidad, porque así debe ser. Nunca es suficiente escribir de alguien a quien se ama. En mi vida hay varios seres a los que amo profundamente y por todos daría la vida, inclusive por la pequeña sombra que discreta me sigue a todos lados, como si creyera que no me percato de su presencia, que al salir de cierta habitación veo agitando su alargada cola manchada, escabulléndose a otra habitación a la que estoy a punto de dirigirme. Cómo por las mañanas no se da cuenta de que yo sé que me está mirando, esperando que despierte y, una vez despierta, asegurándose de que es así y que no simplemente me estoy girando en la cama para cambiar de posición, para que al fin, cuando la saludo, me maúlle y me haga dirigirme hacia su plato de comida.
Siento que es un poco extraño o no sé si sea que de verdad amo cada cosa que hace pero es tan bella al hacer todo lo que hace, que he escrito tantas veces de ella (no aquí, es obvio) y aun siento que hay tantas cosas que decir acerca de ella, aunque sea un ser diminuto de apenas 40 centímetros de largo y 30 de alto. Que cuando ella está dormida a mi lado o en la otra habitación conmigo al alcance de su vista, yo me paro y me dirijo hacia cualquier parte y cuando menos me doy cuenta ella está a mi lado, aunque estuviese profundamente dormida, con ello me hace sentir el ser humano más afortunado del planeta, me hace sentir que significo algo para un ser tan indiferente como un gato, y no me hace sentir importante, me hace sentir que ella es especial o que realmente he logrado un nivel de confianza muy profundo con un ser imperturbable e independiente, un ser independiente que aunque así, me busca y me quiere en su vida, que realmente me ama y que sabe que lo amo, y que aunque no lo supiera o no lo creyera o incluso en un caso muy extremo e inconsciente yo no la amara, ella me amaría de igual manera y sin importancia.
Estoy enamorada de su gracia, de su belleza y elegancia, de sus ojos aburridos o a veces demasiado vivos y eufóricos (por las noches más que nada) por su forma de estirarse como si todos los días fueran sábado por la mañana con galletitas y caricaturas. Enamorada de su diminuta barbilla manchada, de su única patita manchada, de su grácil estructura, de sus pequeñas y engañosamente insignificantes garritas. Enamorada de sus colores que no hacen más que recordarme el sabor del café con leche sin revolver. De sus pequeños "frijolitos", de las mil maneras en las que duerme, la manera en la que come, trepa, corre, camina, juega, la manera en la que tapa su pequeño rostro con sus patitas al dormir, de como tira cosas sólo por ganas de hacerlo o para llamar mi atención para que le abra la puerta de mi habitación para salir y de cómo pasa las patitas por debajo de la misma cuando quiere entrar.
Amo que responda cuando le hablo, aunque no tengamos el mismo idioma y ella intente decirme no se que tantas cosas, y yo sólo pueda interpretarlo todo con un corto código de "comida", "puerta", "comida humana" "quiero salir" o cuando ocasionalmente la baño con un desesperado "maaaaaaaaaaaaaaaaaaaaau" que no quiere decir otra cosa más que "NO".
Amo que se robe mi leche, mi yogurt, mi licuado, mi helado, mi huevo y toda aquella comida que ella quiera que le comparta, otros gatos la exigen y hostigan a sus humanos, pero ella simplemente no está interesada en mi comida sino le ofrezco primero (o si escucha alguna envoltura), su delicadeza al recibir los alimentos de mi mano o de plano preferirlos en una superficie, desde que accidentalmente me mordió al darle un premio y ver cuanto me dolió.
Detesto pero jamás cambiaría el hecho de que cada vez que tiendo mi cama aparezca un bulto misterioso debajo de las sábanas que a los pocos segundos las atrae todas hacia sí, con ligeros rasguños que sacan uno que otro hilo de su sitio.
Si bien todos los gatos son mi debilidad, no hay ni un sólo gato al que yo ame como la amo a ella y ahora sé, por experiencia pasada, que nunca habrá otro gato al que yo ame como la amo a ella, ni en cantidad ni en forma.

Espacio vacío vacío

Siento las noches vacías y aburridas, se me terminan las cosas que hacer, las cosas que ver o quizá más bien las ganas por verlas. Debería estar escribiendo una historia sobre vampiros con una botarga de Dr. Simi bailando en mi relato, sin embargo no encuentro las ganas por hacerla a pesar de que debo entregarla mañana, en cambio estoy aquí desmenuzando mi inspiración en éste blog, una vez más, hablando de él, o en este caso de su ausencia en mi noche. No estoy triste, lo prometo, ésta vez no me invade la tristeza, sólo siento el vacío de su presencia y tampoco fue una canción la que me trajo su vacía presencia a la realidad, sino una imagen, un simple dibujo sencillo de una artista demasiado buena para no ser apreciada. No es que haya pensado en él en este único momento, sino que simplemente en éste preciso momento me invadió la necesidad de escribir, de revivir a mi sujeto dormido que vive sólo cuando escribo de corazón, no al que despiertan picandolo en la espalda en mi "escuela de escritores" ese al que obligan aunque gustoso a escribir, pero que nunca es porque sienta que quiere hacerlo. Al colgar siento siempre, siempre sin excepción cómo la soledad me invade, como cuando estás divagando en tu mente y de pronto te das cuenta de que estás sentado en un autobús junto a un desconocido rumbo a cualquier lugar, como cuando vuelves a la realidad, y se siente ésa soledad, no como ahorita, sino más profunda, más notoria, haciendo contraste con la "compañía" que su voz dejó atrás. Justo el momento en el que la linea se corta, como si soltara mi mano y desapareciera, como si realmente hubiera estado a mi lado y de pronto sin más me hubiera quedado sola. Extraña sensación aquella, como si algo hubiese cambiado cuando en realidad siempre ha sido así y tal diferencia no se siente al descolgar el télefono y responder con un primer "¿Bueno?" sino hasta al final, inclusive después del "Adiós".

domingo, 19 de enero de 2014

Coldplay

Hay algo en mí que está siempre listo para detonar con el ligero estimulo de un no se qué, siempre soy alegre o me molesto, pero hay días o mejor dicho noches en las que cualquier ligero viento hiriente me hace caer profundo por unos momentos, largos o cortos, depende de si hay alguien que me anime. Éso es lo triste, es cuando vengo aquí y escribo preguntandome "dónde están mis amigos?" y esas cosas que ya he escrito en entradas pasadas... Es como un orgasmo de dolor, ciertos factores lo hacen estallar y una vez hecho, no hay forma de pararlo, debe pasar, debe ser, no hay forma de que no sea.
De estar en tranquilidad, cualquier pequeñisimo detalle, cualquier cosa insignificante detona la tristeza sin sentido que hace que las lágrimas salgan como si las hubiese llamado, y no paran... como si tuvieran motivo razonable para estar presentes. Y de pronto, de tener razón para sentir tristeza, rápido desaparece cualquier motivo, y miras atrás y el motivo no es motivo, sin embargo sigues sientiéndote peor, y comienzas a llorar.
A veces detesto la música porque es capaz de hacerme recordar inconscientemente cosas que yo no logro recordar, es decir, me trae sólo la sensación del pasado, más no los recuerdos exactos, y las sensaciones son la parte fuerte de los recuerdos, aquello que hiere, aunque las sensaciones y/o recuerdos sean bellos, simplemente por el hecho de estar en el pasado sin manera de tenerlos en el ahora. Me gusta el pasado es como un acogedor hogar en el que siempre añoro estar, y duele. Porque vivir en el presente es oscuro y no se mira hacia donde se va o donde se está parado, hasta que ya vas más adelante, aunque sea un solo paso, te das cuenta donde estabas parado.

viernes, 3 de enero de 2014

Un poema de origen desconocido

Yo no sé leer bonito, como cuando se lee acariciando las palabras, como cuando se les pone el alma, como si se les hiciera el amor.

Yo solo se escribir, regalándole mi alma a las letras, poniendo el corazón, yo le hago el amor a los pensamientos, a los sueños.

Yo no sé ponerle la entonación a cada párrafo, pero casi le canto al abecedario para que las letras te lleguen en una hermosa melodía que solo entiende la imaginación 

Tampoco sé cómo recitarte un poema, porque pierden el sentido en mi boca, ni la rima, ni la métrica es lo mío.

Lo mío es escribirte cada línea que te lleve al éxtasis del alma, que se te desboque el corazón.

No esperes que salga de mi boca un ramo de flores, pero espera de mis letras todo un jardín.

No hay una voz entonada, ni siquiera se parece al más sencillo canto de un ave.

Pero si cierras los ojos podrás escuchar el canto de un ruiseñor, porque mis letras te contaran un sin fin de historias que te endulzaran la mirada y volaras con la imaginación a los rincones más alejados donde palpes el amor.

Si te das cuenta, yo no sé leer bonito, pero te voy a llevar a que conozcas lo que es amar, con pasión, con locura, como cuando por amor, casi pierdes la razón.

No sé leer bonito pero ¡¡Oh Dios, sí que conozco del amor!!

Alma Antonio M.