A veces uno no puede describir cómo se siente pero sabe que ni siquiera está claro o puede no ser algo sólido lo que siente, como la simple incertidumbre. Algo difuso que sólo se encuentra ahí causando molestia como algo en el zapato, que cuando revisas, tu zapato no tiene nada y lo vuelves a poner en tu pié y ahí sigue la molestia, y lo revisas unas cuantas veces más antes de darte cuenta que la molestia está en el calcetín. Quizá así como la molestia está en el calcetín, está en alguna otra parte, el problema es dónde.
Los humanos son muy curiosos... suelen querer algo y al siguiente instante aburrirse de ello, más los niños con sus juguetes nuevos. Siempre quieren más y más cosas, como ratones, juntar y juntar cosas, lo bello es juntar recuerdos (aunque algunas cosas materiales adquieren algún valor sentimental). Algunas cosas deben cambiar y muchas personas no aceptan esos cambios o cuando por fin aceptan que las cosas serán diferentes hay un detonante que los hace volver al pasado y añorarlo, algo así como recaer en una droga. Por eso son curiosos los humanos, son extraños... se obsesionan, se apasionan y se impriman de las sensaciones, no pueden desapegarse de ellas, las extrañan. Siguen patrones de conducta unos con otros y en ellos mismos.
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