viernes, 4 de julio de 2014

Sin título

Extraño la tristeza melancólica reemplazada por la agonía del sufrimiento. Hoy quiero permitirme la primera evitando caer en la segunda, basta un momento de extrañarle para arrepentirme de no verle. Un par de canciones manejando mis emociones haciéndome caer en la dulzura del dolor meloso de los recuerdos, dejándome arrastrar por la tristeza y casi cayendo en la depresión acechadora que sólo espera el momento en que pueda filtrarse por algún débil escudo demasiado descuidado o demasiado débil. Intenta entrar y profanar mi tristeza dulce, pero en cambio yo intento mantenerla al margen, desechándola tan pronto como la noto y enfocándome en los recuerdos y los finos tonos que me hacen entrar en trance.
La más dulces de las voces que puede entonar Matt y una de las más silenciosas melodías de Guy y Thomas me llevan a las aguas profundas que se tornan frías y calientes sucesiva e inesperadamente, como cuando estás dentro del mar y te quedas quieto y sientes como las corrientes cambian de temperatura.
De pronto no hay nadie a quién decirle que me encuentro triste. Hace falta pero aunque quiero, aquellas personas me parecen ajenas, me encierro en alguna clase de egoísmo (de alguna forma) que me hace pensar: ¿por qué ellos querrán escuchar/leer mis problemas? Siempre están para eso, ¿no se hartan de mi vida tan maltrecha? Y con esas excusas es que poco a poco me he alejado, dejé de hacer pública mi vida, mis sentimientos, encontrándome frecuentemente a mí misma escribiendo algo que finalmente terminaré borrando porque ¿a quién le interesa en realidad? a nadie.
No me canso de sentir, decir y escribir que extraño el pasado, sin embargo al mundo no le interesa, supongo, ya que sigo en mi presente afectado con la tristeza por el pasado, y con la agonía por el futuro. Vivo un presente que no vivo porque no es presente, porque no miro el presente, pero sólo eso diré porque no quiero caer en la agonía, estoy en la melancolía.
Quiero enamorarme como adolescente y no como amante, quiero el nerviosismo aunque quiera el confort de la confianza, quiero la sorpresa, pero ahora simplemente pienso en aquello de lo que no quiero escribir, es como si todas mis oportunidades y necesidades se vieran sobrepasadas por esto que no puedo superar, como un virus o alguna infección que no puedo combatir. Realmente escribir ha dejado de tener efecto para liberarme del dolor, no hay algo que haga que deje de doler. Y de nuevo estoy hablando de ello... ha ganado, no puedo apartarlo suficiente tiempo, es como el humo de cigarro que se filtra por mis dos puertas cerradas.

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