Caminaba rumbo a su casa con el rostro marchito. Era casi de noche, el cielo estaba nublado y el viento soplaba suave, sin amenazas.
Levantó sus manos y las miró, luego las puso al rededor de su estomago donde sintió un vuelco doloroso el cual dejó después un vacío. El vuelco iba y venia pero el dolor persistía, se intensificaba y se hacia insoportable. De pronto sintió que el dolor subía por la boca del estomago hasta el pecho como un rayo ardiente que al dejar su camino en lugar de calor dejaba frío. Ese frío se transformó en un impulso físico en sus ojos y pronto la niebla en sus ojos no la dejó ver por donde caminaba. Pronto recordó que caminaba en publico por lo que secó sus ojos con dos limpios movimientos.
Miró hacia arriba. Había anochecido pero la calle se iluminaba por el efecto producido por la luz de la luna amplificada por las nubes.
Respiró profundo para evitar el llanto, aunque por dentro no dejaba de llorar dolor. Giró hacia su casa y en cuanto dio la vuelta lo vio sentado junto a la puerta acariciando el pasto del jardín frontal. Él no la había visto aún y seguía distraído: con su rostro relajado, el cabello alborotado, tal como le gustaba, sus brazos firmes ocupados en su distracción, sus suaves y rojizos labios cerrados y la mandíbula apretada.
En cuanto lo vio se puso las manos en el pecho y caminó hacia él sin dejar de mirarlo, aunque sus ojos ardieran sin parpadear. Cuando estuvo más cerca él levantó la mirada y se dio cuenta de su presencia. Inmediatamente se puso de pie, para cuando ella llegó simplemente la rodeó con sus brazos y recargo su cabeza en la de ella.
Ella sintió venir sin remedio el llanto y lloró en silencio. El inexplicable dolor se puso intenso pero al final lo único que quedó fue tranquilidad.
Como desde siempre, él le trajo su sopor tranquilizante.
Gracias. Te amo<3
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