domingo, 19 de enero de 2014

Coldplay

Hay algo en mí que está siempre listo para detonar con el ligero estimulo de un no se qué, siempre soy alegre o me molesto, pero hay días o mejor dicho noches en las que cualquier ligero viento hiriente me hace caer profundo por unos momentos, largos o cortos, depende de si hay alguien que me anime. Éso es lo triste, es cuando vengo aquí y escribo preguntandome "dónde están mis amigos?" y esas cosas que ya he escrito en entradas pasadas... Es como un orgasmo de dolor, ciertos factores lo hacen estallar y una vez hecho, no hay forma de pararlo, debe pasar, debe ser, no hay forma de que no sea.
De estar en tranquilidad, cualquier pequeñisimo detalle, cualquier cosa insignificante detona la tristeza sin sentido que hace que las lágrimas salgan como si las hubiese llamado, y no paran... como si tuvieran motivo razonable para estar presentes. Y de pronto, de tener razón para sentir tristeza, rápido desaparece cualquier motivo, y miras atrás y el motivo no es motivo, sin embargo sigues sientiéndote peor, y comienzas a llorar.
A veces detesto la música porque es capaz de hacerme recordar inconscientemente cosas que yo no logro recordar, es decir, me trae sólo la sensación del pasado, más no los recuerdos exactos, y las sensaciones son la parte fuerte de los recuerdos, aquello que hiere, aunque las sensaciones y/o recuerdos sean bellos, simplemente por el hecho de estar en el pasado sin manera de tenerlos en el ahora. Me gusta el pasado es como un acogedor hogar en el que siempre añoro estar, y duele. Porque vivir en el presente es oscuro y no se mira hacia donde se va o donde se está parado, hasta que ya vas más adelante, aunque sea un solo paso, te das cuenta donde estabas parado.

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