sábado, 3 de mayo de 2014

Pluvia odore

EL crepúsculo con su cielo nublado, fuertes ráfagas de aire que amenazan con hacer llover a las nubes como aquellas tardes del año pasado. El aroma y la vista del fin del día, sin aun caer la noche, me hacen volver al pasado de hace poco, de tan sólo un año, que me trae con ello sensaciones de entonces. Cada vez la luz es menos pero el cielo oscuro no se mira a través de las espesas nubes grises que lo llenan. Mis pulmones se llenan una y otra vez con el aire que sopla, que mueve las cortinas de mi ventana y mi cabello despeinado y cada par de inspiraciones el aroma de la tierra me causa placer, sería cada inspiración cada vez, pero el olfato es el sentido más sensible y se cansa con mucha rapidez, por lo que sólo puedo disfrutar de mi aroma preferido una inspiración sí, una no.
Ahora hay menos luz que hace unos minutos, cada vez, se apaga más y más, pero nunca se dejan de apreciar las colosales nubes que más que nubes es como un segundo cielo suave y sin estrellas. Ésta noche no se verá el cuarto de luna que asomaba ayer por la noche.
La frescura es idéntica a la de hace un año, llevo ropa ligera de dormir pero no tengo frío ya que, a diferencia de hace un año, hoy estoy dentro, y no fuera de mi casa. En aquella ocasión tuve que ir por algo para cubrirme, por más que disfrutara del viento fresco, mi piel terminó erizándose y reclamándome algo de calor, sin embargo, hoy el frío no hace gritar a mis poros y me quedo aquí sentada, en la ventana, disfrutando de las cosas que dije antes. Disfrutando del viento y el aroma que trae con él. Y extrañándole a Él.
Hace un año también las cosas eran distintas a lo que pensaba en ésos momentos; sí, también creía que el cielo reprimía la lluvia como si no quisiera que pasara pero no pudiera hacer nada para evitarlo, retrasando solamente lo que ya era inevitable, sin embargo, aquella vez hace un año, cuando lo dije, aunque era cierto, tenía un doble sentido metaforizando mi experiencia con el cielo para retratar lo que en mi corazón y en mi vida pasaba. La ambigüedad regía mi vida en ésa época, y algo que yo no quería que ocurriera era inevitable a ésas alturas. Por el contrario, hoy en día, después de haberme dejado llevar por aquello que no quería que pasara, lo único que pasa por mi mente hoy es que le extraño, a ése ser al que no quería querer como lo estaba queriendo, y hoy sólo espero que suene el teléfono para escuchar su voz y decirle que me siento bien, que siento el ayer y que lo extraño.

No hay comentarios: