Las almas tristes, las melancólicas tienden a la soledad, por más que les agrade encontrar otras almas similares con las cuales sentirse identificadas, son islas que no se tocan, sólo se miran a lo lejos. Por más que les gusten las almas felices para alegrarse con ellas, tarde o temprano vuelven a su propio retiro.
Cierro los ojos y veo oscuridad, no la que todos vemos, veo la clase de oscuridad que se siente dentro, aquella en la que te sumerges antes de dormir, aquella que te hace encontrarte contigo mismo, aquella que te hace reflexionar, la que te hace sentir la soledad. Cierro los ojos y la siento, la palpo, la sufro, siento paz pero al mismo tiempo siento desasosiego porque me siento cautiva, me siento atrapada en ella, siento un vacío en aquella habitación, atrapada entre la negrura. Entonces mientras ésto sucede me doy cuenta de algo... de algo que no anda bien, un vacío o algo que no está en su sitio, algo que no va bien, que no debe ser. Mi corazón sangra y siento la sangre escurrir en la negrura, y le pregunto a mi corazón sangriento ¿qué anda mal? mil veces se lo pregunto, pero el sangra solamente y yo estoy ciega y atrapada en la oscuridad, con el vacío en el pecho, aquel en el que me encuentro atrapada, con aquello que no anda como debe ir.
El mundo es aterrador, pero más aterrador es lo que hay en el interior de nuestro ser, aquello de lo que nadie más sabe, ni puede saber, aquello que nos asusta a nosotros mismos. El universo interior en el que podemos perdernos, nuestro, completo, pero inexplorado, como una isla recién descubierta que aloja bestias salvajes, enfermedades desconocidas y plantas venenosas... misterios perversos que asustan la inocencia del ser. Sin embargo, aquello que nos puede dar la seguridad, las respuestas y la verdad de todo aquello, lo que nos haría sentir protegidos esta ahí mismo, en el universo interior del que tanto tememos. Una vez explorado, y además aceptado, nada puede asustarnos.
Pero no es sencillo, el camino es largo, doloroso e inseguro, es nuevo, desconocido y desconcertante, por ello tanto miedo. Lo desconocido produce inseguridad, miedo.
El alma siempre está despierta, y es tan sensible que no necesita palabras para recordar, aun cuando las puede utilizar, un simple acorde, un simple aroma, inclusive imperceptible para el consciente mismo, detona toda clase de recuerdos, tanto de memoria como sensoriales, sentimentales, a veces prescindiendo de alguno, siendo todo sentimental o todo sensorial. A veces, casi siempre, ésta clase de detonaciones conducen a la reflexión y a la melancolía de nuevo, y de nuevo al claustro interior sofocante. Y de nuevo a éste blog.
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