Llega una etapa de tu vida en la que te das cuenta de que la verdadera importancia que tienen las cosas, depende completamente de ti, sin melodramas ni prejuicios de la sociedad o de los demás. Te das cuenta de que, como alguien me dijo hace poco, sólo tienes una vida y pues, tienes que vivirla como tu quieres, aunque suene egoista, sin pensar en lo que quieren los demás, puesto que es tu vida, y al hacer lo que tu no quieres estás desperdiciandola. Por lo que todo aquello que dicen los demás, simplemente déjalo de lado, toma lo bueno y deja lo malo, como al leer un libro, toma lo que gustes, lo que te sirva, lo bueno y deja lo demás...
Vivir la vida sin pensar en consecuencias puede traer problemas... pero que son los problemas? realmente son problemas? siempre y cuando estés haciendo algo que te agrade sin dañar a alguien más (incluye, obviamente embarazos, porque es la vida de 2 seres más) es vivir bien.
La felicidad y el placer son 2 cosas distintas, si bien van tomadas seguido de la mano, no son lo mismo, son completamente diferentes. Una buena vida no es aquella que no va por el mal camino, ya que no hay ni mal ni bien. Vivir con miedos y pena, simplemente te mantiene en una clase de jaula, una prisión inconsciente, invisible, que realmente a veces sega y cuando uno llega a viejo se arrepiente de no haber vivido tantas cosas que hubiese querido... ¿Por qué no la besé? ¿Por qué no viajé por el mundo? cosas como esas...
Realmente la vida... pues sí, es un drama, pero no hay que exagerarla extremadamente dramática... Los problemas no son enormes, y el drama que vale la pena viene solito, y así mismo, se va solito.
No miedos, no pena... nada, no hay que complicarse, las cosas son prácticas, fáciles... habla con la verdad, demuestra que hay confianza en ti para que los demás puedan confiar en ti